lunes, 7 de octubre de 2013

LA CIENCIA DEL SOFISMO

Sócrates, aquel heleno que se opuso reciamente a tratar el conocimiento como una mercancía a tal punto de ofrecer su misma vida al barquero para

Hacer ciencia el dia de hoy, ha de ser una de las profesiones más deplorables de la humanidad... Decirnos la mentira de que aún buscamos la felicidad del ser humano es solo una prueba más de nuestro cinismo. No supimos entender a Sócrates, esclavizamos a los seres humanos, nos esclavizamos a nosotros mismos aludiendo al "progreso", pero ¿qué progreso?, ¿el que exige a muchos vivir en la miseria, para que otros puedan vivir cómodamente?, ¿el que nos exige ser un producto de consumo?.

Hoy satisfacer las necesidades tecnico-cientificas de las empresas, se nos presenta como la verdadera forma de generar conocimiento para que el "país" continúe progresando. (Dejo a consideración del lector, el análisis respecto a la afirmación anterior). Es sencillo entender porque somos aún la única colonia estadounidense en latinoamérica.

Hacer ciencia requiere un verdadero pensamiento crítico e imaginativo, somos nosotros quien hemos de decidir qué investigar y porque investigarlo, no la OXY, ni Pacific Rubiales, ni Cerrejon, ni Anglo gold... El financiamiento del conocimiento por interés del capital ha de terminar tarde o temprano, para poder romper finalmente con el sofismo en cual nos han sumergido las potencias dominantes, salir finalmente de nuestra burbuja en los laboratorios y abstraer la tan anhelada vida.
demostrar su logica y filosofia, ¿que diría si estuviese vivo?, ¿si nos observase en lo que nos hemos convertido?... Somos los sofistas que con tanto esmero combatió. Pero ¿acaso es culpa nuestra? ¿acaso no comemos?

El debate continuará abierto para las actuales y siguientes generaciones... Mi intención es sencillamente molestarle un poco, fastidiarle mentalmente con el fin de empezar a realizar un verdadero proceso dialógico, al fin y al cabo es en medio de las crisis donde surgen las ideas.

 Alexander Serrano

La canción de la vida profunda



"El hombre es cosa vana, variable y ondeante.....".
 Montaigne           
 
 

Hay días en que somos tan móviles, tan móviles,
como las leves briznas al viento y al azar...
Tal vez bajo otro cielo la gloria nos sonría...
La vida es clara, undívaga y abierta como un mar.

Y hay días en que somos tan fértiles, tan fértiles,
como en Abril el campo, que tiembla de pasión:
bajo el influjo próvido de espirituales lluvias,
el alma está brotando florestas de ilusión.

Y hay días en que somos tan sórdidos, tan sórdidos,
como la entraña oscura de oscuro pedernal:
la noche nos sorprende, con sus profusas lámparas,
en rútilas monedas tasando el Bien y el Mal.

Y hay días en que somos tan plácidos, tan plácidos...
-¡niñez en el crepúsculo! ¡laguna de zafir!-
que un verso, un trino, un monte, un pájaro
que cruza,
¡y hasta las propias penas!, nos hacen sonreír...

Y hay días en que somos tan lúbricos, tan lúbricos,
que nos depara en vano su carne la mujer:
tras de ceñir un talle y acariciar un seno,
la redondez de un fruto nos vuelve a estremecer.

Y hay días que somos tan lúgubres, tan lúgubres,
como en las noches lúgubres el llanto del pinar.
El alma gime entonces bajo el dolor del mundo,
y acaso ni Dios mismo nos puede consolar.

Mas hay también ¡oh Tierra! un día... un día... un día...
en que levamos anclas para jamás volver;
un día en que discurren vientos ineluctables...
¡Un día en que ya nadie nos puede retener!

Porfirio Barba Jacob